miércoles, 17 de junio de 2020

Reto Semanal: Transversalidad o "mainstreaming de género" ¡A transversalizar!

Saliendo de mi sector de trabajo, voy a plantear una reflexión sobre una situación que me parece bastante preocupante en el ámbito educativo, en cuanto al rendimiento escolar de los alumnos de género masculino.
Hace ya unos años, pude conocer los planteamientos que se estaban observando desde la sociología de la educación en los comportamientos diferenciados por género entre el alumnado. Y realmente era sorprendente comprobar cómo se producía una especie de “espiral de desánimo” por la cual el alumno, varón, encajaba en el rol de “rebelde”, pudiendo observar una actitud más permisiva por parte de profesores y padres, respecto de la mantenida para con sus compañeras. Un refuerzo conductual que, obviamente, parecía acrecentado en el imaginario interno de los jóvenes que visualizarían distorsionadamente el estatus de sus compañeros, no resultando acorde ni a su actitud, ni a sus resultados.
Reconozco que el interés por este tema parte de mi experiencia en el ámbito educativo, desde la posición del alumno y, sinceramente, puedo corroborar, al menos en parte, las hipótesis aquí planteadas. Por decirlo de alguna forma, está peor vista una alumna “rebelde”, que un alumno “rebelde”. 
Con todo, no trato de analizar tanto el por qué, que por otra parte resulta bastante evidente, conforme a lo que hemos ido viendo en estos módulos, como el hasta cuando. Y en ese punto, entran las políticas públicas transformadoras de los roles de género. Se trata de romper con la tradición por la cual se da por perdido al “rebelde sin causa” para que, observada dicha causa, se reconduzca dicha rebeldía, que en la mayor parte de las ocasiones oculta una clara desilusión, o incluso frustración, dentro del entorno educativo, creando, así, un nuevo imaginario motivador para el alumnado, en este caso, masculino.
No sé si esto ya existe como tal, pero si no es así, por qué no diseñar, impartir y, posteriormente, evaluar talleres estructurados, en las diferentes etapas educativas, en los cuales se puedan dar herramientas a los alumnos para reforzar sus habilidades sociales y emocionales, consiguiendo descifrar ese imaginario común que mencionaba antes, sus decepciones y cómo podrían ilusionarse de nuevo, si están decepcionados, de manera que se puedan generar unos inputs de información, muy valiosos para un sistema vivo, como es el sistema educativo, pudiendo constituir, al mismo tiempo, un motor de cambio en los roles de los chavales. Además, resultaría fundamental la participación de todos los elementos del sistema educativo para conseguir una implicación mayor y una información más completa: compañeras, profesores, padres, antiguos alumn@s,...
Y otro aspecto fundamental: hay que reforzar las conductas positivas, fomentar las imágenes transformadoras, con testimonios de jóvenes varones que son buenos estudiantes y que tienen, igualmente, reconocimiento social , no desatendiendo a los alumnos que, con su comportamiento, no están más que llamando la atención para que les ayuden a mejorar su entorno y su actitud.
Como conclusión, se podría prever que medidas similares a la recién formulada, ayudarían a desmontar ese “curriculum oculto” que tanto restringe los “modelos de masculinidad”, suponiendo una clara mejora para la calidad de vida de los estudiantes varones, obvio, pero también un valor añadido en la calidad global de la educación, que favorecerá, igualmente, a sus compañeras de aula y, a la larga, a la sociedad, puesto que verá reducir las tasas de fracaso escolar y la reproducción desacertada de roles de género, también en el mercado laboral, donde todavía se observan sectores claramente masculinizados y feminizados. 

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